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Copa América 2015: A propósito de las trampas, de mi columna anterior y de la “nueva” (¿?)

La semana pasada escribí una columna que produjo una explosión. Como es lógico y natural cuando una opina (más si es sobre política o fútbol) genera coincidencias y disensos. Y todas son bienvenidas, pero debo puntualizar un detalle: todos –cien por ciento- todos aquellos que expresaron su descontento con lo que habían leído no se refirieron a lo que escribí.

Me dijeron cosas como “brasileño ardido”, ”yanqui que no sabe nada de fútbol”, muchos me preguntaron “qué partido viste?”. Lo curioso es que nunca –ni uno de los que no estuvieron de acuerdo y en algunos casos fueron agresivos y groseros inutilmente- ni uno, dijo que la moral y la ética de los dirigentes de fútbol es intachable. La columna no hablaba de un partido de fútbol sino de una conducta ética que yo entiendo condenable. Ninguno de mis detractores usó la higiene moral de los dirigentes como argumento contrapuesto a lo dicho. A lo sumo, alguno dijo “de que se quejan y cuando favorecieron a Brasil, o favorecieron a Argentina no dijeron nada…”. Ese argumento es –tristemente- bastante común “yo robo porque todos roban”, “yo hago trampa porque otros hacen trampa”. Esta vez a la hora de las conclusiones al analizar lo que había generado mi columna, las críticas me dejaron un buen sabor, una certeza de que no estaba tan equivocado: nadie defendió lo que yo “ataqué”, la conducta moral de los dirigentes que pone bajo sospecha todo lo que hacen. Nadie se atrevió a decirme “Boscacci, usted que ve? La moral de nuestros dirigentes es irreprochable…”. (Y debe haber dirigentes honestos y bien intencionados, que yo no los conozca no quiere decir que no existan y, además, suelen pagar justos por pecadores en estas peligrosas generalizaciones) COLOMBIA Y UN TRAJE QUE LE QUEDA MAL Hace un año, cuando el equipo colombiano regresó del mundial a su país y la gente lo recibió con aplausos, yo escribí sinceramente que me había llamado mucho la atención ese recibimiento, porque imaginaba todo lo contrario. Y esperaba un recibimiento con reproches y abucheos por lo que había hecho en la cancha. Sin embargo me equivoqué. Y el tiempo confirma que me equivoqué. En aquel momento dije que “Colombia se había disfrazado de Uruguay”, que Yepes en vez de preocuparse por organizar a sus compañeros se dedicó a pelear, a pegar, a hacerse el guapo. Y él era un lider de ese equipo. Y los líderes contagian. Y así les fue…pero Colombia fue aplaudida a su regreso a Bogotá. Quizás si los hubieran abucheados en esta Copa América Colombia hubiera hecho otro papel (y no me refiero a los resultados, porque a la hora de la definición con Argentina perdió porque le tocó perder como le pudo haber tocado ganar, en las definiciones por penales todo se torna impreciso y nada tienen que ver merecimientos y justicia). Cuando digo otro papel me refiero a la actitud. Los de Peckerman –hombre que también manifiesta un cambio en su estilo que llama poderosamente la atención, ¿será que aquellos aplausos lo confundieron?- , los de Peckerman volvieron a elegir el traje que peor les sienta (contra Perú Cuadrado pegando trompadas en la espalda de los rivales sin que el árbitro lo vea, James metiendo un codazo que vio todo el estadio y contó con la complicidad del juez que lo ignoró –me decía un ex árbitro que ahí el referí estuvo bien “si sanciona la falta lo tiene que expulsar, distinto es si no vio nada”- , contra Argentina saliendo a la caza de Messi por turnos y también con la complicidad de un juez que en los primeros treinta minutos del partido mereció ser echado de la cancha; vergonzoso, mientras permitió patadas alevosas, a James lo amonestaba por protestarle un lateral y donde la razón le asistía al jugador, Colombia convirtió un gol en cuatro partidos y lo hizo Murillo tras un rebote afortunado, Colombia sacó a un delantero a los 23 minutos en un mensaje claro, Colombia pateó su primer tiro al arco a los 17 minutos del segundo tiempo…). El cambio conceptual me cuesta entender. El apoyo de su gente me cuesta más. Siempre, con mejores o peores exponentes, Colombia tuvo jugadores de jerarquía que daban razones para sentirse orgullosos a sus hinchas. Hoy los jugadores están pero a la hora de vestir los colores nacionales se dedican a otra cosa, no se dedican a jugar que es lo que saben hacer –o este James es el mismo que uno disfruta en el Real Madrid?-, el portero Ospina, de notable actuación verdad?, dijo después del partido que se sentía “orgulloso de sus compañeros…”, Silencio. No vamos a condenar a Ospina ni a pedirle que hable mal de sus compañeros, de ninguna manera, pero a veces el silencio es salud. Porque Ospina genera opiniones en otros que solo se limitan a repetir, los que no piensan, los ecos, y entonces estos –que son muchos- también se sienten orgullosos y siguen aplaudiendo. Me imagino que este cambio de los cafeteros habrá llegado hasta aca y ahora se darán cuenta de que es tiempo de volver a los orígenes…(…Un Pibe Valderrama por ahí…un Faustino Asprilla por allá…!!!!). De Brasil, lo mismo. Se acabó el espacio pero el concepto es el mismo. Los admiramos sin distinción de preferencias personales, los que disfrutamos este deporte los admiramos tanto que verlos ahora nos hace pensar que nos están traicionando. Y con el mismo fundamento que Colombia: la actitud. Las cosas pueden salir bien, mal, mejor o peor, pero cuando uno ve buenas intenciones, si llega el resultado positivo, buenísimo, pero si no llega, a insisitr que ese es el camino y ya llegará. Para terminar una historia ajena al fútbol pero que la pueden aplicar como quieran: Un hombre saludable, pasados los sesenta años, jugador de tenis, va al médico porque le duele el pecho. Este le dice que tiene una arteria obstruída y que una de las alternativas es la cirugía. El paciente pregunta si hay algún riesgo y el médico responde: “en todas las cirugías, siempre hay un riesgo, en este caso, la historia dice que el riesgo es del 8 por ciento. Es decir, 92 por ciento que todo salga bien” Esta historia fue contada ante dos grupos de cincuenta personas, del mismo nivel socio-económico-cultural. Separados, claro está. Al primer grupo se le dijo que la operación salió mal y el paciente murió. Al segundo que la operación salió bien y que el hombre volvió a los courts. A los dos grupos le preguntaron lo mismo: ¿fue correcta o incorrecta la decisión del médico de operar al paciente?. La respuesta del grupo al que se le dijo que el hombre estaba jugando al tenis fue que la decisión del médico fue la correcta. La respuesta del grupo al que se le dijo que el hombre murió fue que la decisión del médico fue la equivocada. ¿Será que todo lo manejan los resultados?. Saquen sus conclusiones.

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