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Sopresa en un mundial servido en bandeja

Las competencias internacionales de la joven Federación Internacional de Fútbol Asociado se vieron afectadas por las guerras en europa; en 1938 el congreso de la FIFA decidió posponer la elección del país organizador de la IV Copa del Mundo, así que recién en julio de 1946 la FIFA celebró su primer congreso de posguerra y se decidió por Brasil como sede del Mundial del 50 y se acordó entonces llamar al torneo “Copa Jules Rimet”, en honor al dirigente francés por crear el evento deportivo y luego por mantenerlo vivo durante los difíciles años de la guerra.

 

Cuenta la historia que en 1938 el italiano Barassi retiró en secreto la Copa del Mundo de la caja de seguridad del banco romano donde estaba depositada y la escondió en una caja de zapatos bajo su cama para evitar que los nazis se apoderaran de ella, cuando la guerra estaba por terminar y Alemania había tomado el control de Italia.

 

Algo que fue un éxito para la FIFA en 1946 fue la inclusión en las competencias internacionales de Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte y País de Gales, ahora si era un Mundial como la palabra lo indica. En 1948 se disputaban los Juegos Olímpicos de Londres, primera manifestación deportiva de posguerra y dejó a los clasificados para el próximo mundial de Brasil que fueron Suecia, Yugoslavia y Dinamarca. Los dos primeros, Suecia y Yugoslavia, ganaron sus respectivos grupos y calificaron al Mundial. Es de destacar que Yugoslavia dejó fuera a Francia, que junto con Brasil había estado en los tres mundiales anteriores. También clasificaron por parte de europa Suiza, España que junto con Italia, campeón vigente, e Inglaterra, conformaban el grupo de seis naciones europeas en Brasil. Por parte de América se aseguró la participación de Bolivia, Chile, Paraguay, Perú, Ecuador y Uruguay. Con un gran ausente, Argentina, que contaba con una poderosa formación con Alfredo Di Stéfano a la cabeza pero que por discrepancias entre las asociaciones de fútbol (AFA) y la local más una huelga de fútbol en Argentina hizo que ésta renunciara a participar del evento. También estaban listos para asistir a la justa México y Estados Unidos.

 

En total participaron 13 selecciones -como en el 30- ya que a último momento varias decidieron renunciar y no participar de la competencia tales los casos de Austria, Turquía, Bélgica y Escocia. Para cerrar esta serie de infortunios, el 4 de mayo de 1949, el avión en el que viajaba el equipo del Torino que venía de Lisboa tras disputar un partido amistoso, se estrelló contra el muro posterior de la basílica de Superga, en las afueras de Turín. Una tragedia que enlutó el mundo del fútbol y donde perdieron la vida casi todo el equipo italiano del Torino de los cuales habia casi 9 jugadores que formaban parte de la seleccion azzurra. Murieron 31 personas, incluyendo 18 jugadores del plantel, los entrenadores y dos dirigentes.

 

Ahora ya en la sede del Mundial, Brasil... para este momento histórico hacía falta un lugar a la altura de los acontecimientos, un escenario capaz de albergar a todos los fanáticos y convertirse en un icono del fútbol y fue así que la organización decidió la construcción de un estadio que en su momento tuvo capacidad para 155,000 espectadores, así nació el “Maracaná”, cuyo nombre oficial es “Jornalista Mário Rodrigues Filho”, en honor al periodista que logró convencer a las autoridades que el mejor lugar para construir el estadio era en los terrenos del antiguo Derby Club, en el barrio de Maracaná en Río de Janeiro. Los organizadores decidieron cambiar el sistema de competencia y llevarlo a un formato de grupos en su fase preliminar. En esto había una razón financiera, ya que se jugarían más partidos y generaría en consecuencia más ingresos y una razón lógica, no tenía caso hacer viajar a las selecciones europeas a través del Atlántico para jugar un solo partido y queden eliminadas.

 

Sí hubo sorpresas en este mundial... si que las hubo, en Belo Horizonte, Estados Unidos derrotó a Inglaterra por 1 a 0. Los norteamericanos habían presentado un equipo muy curioso donde jugaban un portero italiano, Borghi, un defensa belga, Maca, dos hermanos portugueses en el ataque de apellido Souza y un haitiano, Joe Gaetjens. Con un fútbol desordenado, pero vivaz y con una enorme dosis de fortuna, los norteamericanos sorprendieron a los ingleses que se creian los mejores del mundo. Los diarios británicos daban la noticia de la deshonrosa derrota ante un equipo de amateurs. El estadio “Maracaná”, registró la mejor entrada del torneo en un juego en el que no interviniera Brasil. España e Inglaterra, se enfrentaron para definir el grupo, con ventaja para los españoles. También apareció el “gato del Maracaná”, apodo que se le dio al arquero Ramallets de España tras completar una actuación histórica. Los ingleses daban por descontado que éste sería su mundial, pero se les hizo muy difícil ya que Zarra hizo el gol de la victoria y los ingleses se regresaron a casa con su vergüenza a cuestas. La final se jugó en el Maracaná. Uruguay contra el local, Brasil, que venía cargado con toda la fuerza y apoyados por todo un país. Con 21 goles anotados en 5 partidos y enfrente una selección charrúa que llegaba a estas instancias con resultados muy apretados, a los locales solo les bastaba un empate para salir campeones del mundo. Ya en una nota anterior la titule "Si algo puede fallar... fallará" para el caso de Holanda en el Mundial de 1974 de Alemania, quizás pudiera ponerle el mismo título a esta nota, Murphy estaba presente otra vez.

 

Todo un país estaba pendiente y organizando los festejos correspondientes -por adelantado- como decía un amigo... no cuente los pollitos antes de nacer, se habían preparado 11 limusinas con los nombres de los jugadores a los costados, desfiles por las calles de Río, por todos lados se veían pancartas que decían “Homenaje a los campeones del mundo”. Todo el país daba por hecho el triunfo, la única duda era cuántos goles anotaría Brasil. Los medios uruguayos no tenían muchas esperanzas de llevarse el triunfo, se sentirían satisfechos con una “derrota honorable” pero tanto para el técnico Juancito Lopez y para el capitán Obdulio Varela pensaban todo lo contrario y se ocuparon de motivar a sus compañeros para salir adelante y dar batalla en el campo de juego. Varela resumió su arenga con una frase: “muchachos, hoy tengo muchas ganas de correr”. Y lo que tenía que suceder... sucedió, Uruguay se alzó con el preciado trofeo, se produjo lo que la prensa mundial llamó como el “Maracanazo”. Cientos de aficionados aún al día siguiente seguían instalados en el “Maracaná”, llorando la derrota y hasta se habló de varios suicidios. Gracias al gol de Alcides Gigghia, los uruguayos fueron los justos ganadores del torneo de 1950.

 

La historia y los hechos dicen que el Mundial de Brasil de 1950 lo ganó Uruguay pero un par de horas antes nadie lo hubiera adivinado, tampoco lo vaticinó el presidente de la FIFA, Jules Rimet, quien había preparado su discurso para entregarle la copa al local. Los cuentos de la época recuerdan que Obdulio Varela gritó: “Con o sin copa, los campeones somos nosotros”, en relación a que la copa habia desaparecido. Finalmente le fue entregado a la selección uruguaya el tan preciado trofeo en medio de un estadio mudo y casi desierto y sin discurso, sin dudas ésta fue una de las grandes hazañas y sorpresas que quedaron registradas en la historia del fútbol mundial; el “maracanazo” que consumó a Uruguay Campeón del Mundo 1950.

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