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Hazañas de un jugador que no quedó en el recuerdo

El tipo sabía contar.  Lo que no es un dato menor.  Hay gente que tiene cosas muy interesantes para contar, experiencias vivenciales lindísimas para transmitir, pero no gozan del privilegio de la palabra y, en consecuencia, en vez de agrandarse, esas historias se achican, se diluyen, se pierden en el montón de historias intrascendentes.  El tipo que yo les digo, no.  Más bien todo lo contrario, tenía un encuentro con la palabra tan fácil, tan ameno, tan agradable que contada por él cualquier historia adquiría una magnitud destacable.  La más tonta, eh...

El nunca había hecho un gol insignificante... o había sido un golazo de cuarenta metros que la puso en el ángulo, o después de gambetearse a cinco rivales pero si el gol fue de rebote, o de pura suerte... sirvió para definir el campeonato.  Quedó claro entonces que según él contaba siempre fue protagonista de grandes eventos, de esos que quedan en la memoria y en el corazón de las personas de buena voluntad.

 

Más adelante nos metemos puntualmente en las hazañas perpetradas por este contador de historias y jugador de mala memoria, pero por ahora quiero destacar esa extraordinaria facilidad de palabra que tenía y que le permitía concentrar la atención de quiénes lo escuchaban.

 

Claro que el hombre tenía un defecto que lo obligaba a cambiar de auditorio o por lo menos no contar sus historias hasta tanto en la mente del que escuchó no se haya sembrado la semilla de la desmemoria.

 

El solía contar el mismo gol con varias versiones y ante diferentes adversarios.  Es natural pensar que esto generaba pérdida de credibilidad, a pesar de lo entretenido del relato.  Por eso lo bueno es cambiar de audiencia, probado que cambiar de contador es imposible.

 

Avalado y protegido por los años, sus cuentos siempre tenían como co-protagonista (el protagonista claro está, era él) a una leyenda del deporte que había muerto.  No se recuerda ningún muerto ilustre que no haya sido su amigo y le debiera algún favor.  Por supuesto hecho de corazón y sin pedir nada a cambio.  De onda, como se dice.  De buen tipo, que lo parió...

 

A medida que se morían ilustres jugadores se agrandaba la galeria de anécdotas.  Debemos señalar que cuánto más popular, famoso, querido por la gente, sea el co-protagonista de la historia, más interesante era el o los momentos compartidos.  Mejor dicho (el jugador de mala memoria cuenta mucho mejor que yo, como ya se podrán dar cuenta), mejor dicho, decía, que siempre el contador de cuentos se las ingeniaba para tener una historia sin inaugurar.

 

Así lo vimos haciéndole un sombrerito a Rogelio Domínguez cuando éste atajaba en el Real Madrid y él jugaba en Zaragoza.  "...Aunque el gol es lo menos importante", decía el jugador de mala memoria para darle, precisamente, importancia.  Y ahí contaba que después del partido el flaco Domínguez lo invitó a comer y que mientras compartían una de muzzarella con jamón y tomate le confesara que nunca le habían hecho un gol de esa factura.  "...lo que quiero decir, el gol es lo de menos, es lo buen tipo que era el flaco, una estrella de los merengues y ahí estaba, comiendo una pizza conmigo..."  Y siempre agregaba detalles, Domínguez mezclaba vino con coca-cola "recuerdo", decía.  O "tenía un pullover azul que me había costado cincuenta pesos de aquella época y justo se me enganchó con el picaporte cuando entramos a la pizzería y el flaco me quería regalar otro pullover.  Me había tomado cariño".  Esos pequeños detalles jerarquizan la mentira, le dan credibilidad.  Y el jugador de mala memoria lo sabía y utilizaba el recurso.

 

A mi me gustaba mucho la historia cuando en un entrenamiento le había hecho un caño a Pipo Rossi y Pipo se calentó y le quiso pegar y lo corrió hasta el vestuario y lo salvó el loco Elio Montaño y después se hicieron tan amigos que el día del casamiento, si no es porque justo había sido contratado por un equipo de Chile hubiese sido el padrino de boda.

 

No fueron estas dos solas las que quedaron en mi memoria... hubo otras.  Si recuerdo que esta misma historia, me refiero a la de Pipo Rossi, tiempo después oí que se la contaba a otra gente pero el que se comía el caño era el Pato Pastoriza "íntimo amigo" y el que lo salvó de las piñas y terminaron tomando una cerveza los tres fue Toriani, el arquero.

 

La anterior, también la escuché con otra versión.  El arquero era Máspoli, "... él tenía más de cuarenta y yo recién empezaba... le metí una vaselina y cuando terminó el partido me buscó en el túnel para invitarme a comer..." ... "y ahí estaba él, que había sido campeón del mundo, comiendo conmigo una de muzzarella con jamón y tomate... me acuerdo que a Roque le gustaba mezclar el vino con la coca-cola..."

 

Hubo otras historias, seguramente más lindas y también con varias versiones y aunque esto ponga en tela de juicio la veracidad de la anécdota en sí, vale recordar que cuando algo pasa por la imaginación de una persona ya pasa a ser una realidad.  Después de todo lo importante es que haya pasado, en la vida o en el sueño.  Lo importante es que pasó.

 

Y maldita la Internet que permite a los curiosos meterse a buscar donde nadie los llama para después decir "busqué a tu amigo, al jugador de fútbol que vino a comer el asado la otra vez, lo busqué en Internet y no lo encontré... cómo era que se llamaba?  O en qué equipo jugaba cuando le hizo ese gol al Real Madrid..?

 

El jugador no tenía memoria, pero a mi me importa un pepino.

 

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