Tabárez, el maestro que enderezó a Uruguay sube la apuesta en Rusia-2018

A doce años de tomar a Uruguay en ruinas y devolverlo a la élite, Óscar Tabárez llega al Mundial-2018 dispuesto a dar un nuevo salto de calidad sumando a jóvenes valores, pero sin renunciar al cerrojo defensivo que es marca registrada de su equipo.

Sin estridencias ni discursos épicos, pero con la fortaleza necesaria para enfrentar a los 71 años una neuropatía que lo obligó durante gran parte de la clasificatoria sudamericana a movilizarse en el campo sobre un carrito, Tabárez se transformó en el técnico con más partidos al frente de un seleccionado nacional de fútbol.

Maestro de profesión, el DT traspasará la barrera de 180 partidos con Uruguay, gracias a sus dos períodos frente combinado, entre 1988 y 1990 y desde 2006 a la actualidad. Reconoce que llega a Rusia con "camino adelantado", pero se niega a soltar el perfil bajo que cultivó desde el punto cero.

"Han aparecido futbolistas que en el inicio de la eliminatoria no estaban y ellos han ayudado que se consoliden cosas y nos generan ciertas expectativas", soltó Tabárez al inicio de las prácticas en el búnker celeste, un oasis en las afueras de Montevideo que ganó comodidades a impulso del entrenador.

El optimismo del timonel se basa en jóvenes como Rodrigo Bentancur, del Juventus de Italia, o Lucas Torreira, de la Sampdoria, veinteañeros que manejan el balón con una precisión inusitada para filas celestes.

En Rusia, la magia de los jóvenes se sumará al poder ofensivo de Luis Suárez y de Edinson Cavani, dos goleadores insaciables que van por la gloria.

Lejos de encandilar al estratega, el talento del ataque no hace más que revalorizar el ADN de su equipo: la garra y una defensa férrea.

"Siempre hemos sido un equipo fuerte defensivamente y eso no lo vamos a perder", advirtió el DT que tiene a los dos gladiadores del Atlético de Madrid, Diego Godín y José María Giménez, como pilares de una retaguardia que trabaja para ser infranqueable.

- El sagrado equilibro -

Fiel a su prédica, Tabárez pone extrema atención a sus rivales en el Grupo A, Egipto, Arabia Saudita y Rusia, y advierte que hay muchas selecciones "superiores" a la suya.

El hombre que convenció al país de que "el camino es la recompensa", tras un cuarto puesto en el Mundial Sudáfrica-2010 que rompió con décadas de fracasos, tiene a "la palabra equilibrio como algo sagrado".

Calma es otra palabra clave para Tabárez que fue al repechaje para sellar boleto a Sudáfrica-2010 y Brasil-2014. Rumbo a Rusia, el camino para el campeón del mundo en 1930 y 1950 fue más distendido y clasificó segundo en las clasificatorias sudamericanas.

Los resultados no acallaron las voces que tildan al entrenador de conservador, en especial a la hora de incorporar a las figuras nuevas. Pero Tabárez se sacude las críticas y los elogios con la misma rapidez.

"No me creo demasiado especial", comentó en 2016 el DT que se dio el lujo de levantar la Copa América Argentina-2011.

- Maestro del fútbol -

Defensa en su época de jugador, Tabárez saltó a la dirección técnica en 1980 en el fútbol local y ganó con Peñarol la Copa Libertadores 1987.

Un pasaje por Deportivo Cali en 1988, su primera parte en la selección que terminó con polémica tras el Mundial Italia-1990 y su paso por Boca Juniors, AC Milán, Cagliari y el español Oviedo, forman parte de la hoja de ruta del entrenador.

Su formación en docencia y su pasaje por aulas se palpa en su preocupación por la formación de los juveniles más allá del fútbol. Quizás por eso su premio más valioso fue el reconocimiento que le entregó la Unesco en 2012 como "Campeón del deporte".

Una cercanía con la realidad que intenta inculcar a sus jugadores, a quienes repite que los equipos dan dinero y fama, pero que las selecciones "dan la oportunidad de defender a un país y los sueño de todo un pueblo".

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