La ruta de Sadio Mané de Casamanza a Anfield

Cuando el chiquilín Sadio Mané desembarcó en Dakar, tímido, desde la lejana región de Casamanza, nadie imaginaba que algunos años después se convertiría en el principal argumento ofensivo de la selección de Senegal, que disputa el Mundial-2018.

En 2009, en Mbour, a 80 kilómetros al sudeste de la capital, un ojeador de talentos local advirtió el potencial de ese adolescente, y se llevó a la academia del Génération Foot, un club de Dakar que apuesta a los juveniles.

"Teníamos un programa de prueba en la Escuela de Policía", donde el club efectuaba sus primeras selecciones de chicos, recuerda Abdou Diatta, un veterano reclutador de 'Génération Foot'.

Al verlo por primera vez, "personalmente no pensaba que haría algo grande aquí porque era muy tímido", confía Abdou Diatta. "Era como si no tuviera ganas de ir a jugar".

Pero Sadio Mané rápidamente borró esa falsa impresión, compartida por el entrenador del equipo, el excentrocampista internacional senegalés Jules Boucher.

"Cuando vi cómo tocaba el balón, me dije, realmente es un buen jugador", precisó Diatta. Tras dos días de pruebas, "le dije a Jules Boucher: 'a este lo tomamos directo'", añade.

Para el entrenador, apenas 15 minutos le sirvieron para descubrir el potencial de ese chico "simpático" y "bien educado", "que no venía con grandes medios".

"Había visto en él cualidades de jugador de alto rendimiento, cualidades de velocidad, de regate, de penetración, de toque", explica Boucher.

"Es un chico que siempre tiene hambre y una mentalidad de acero", define uno de sus primeros mentores.

- Lesión oculta -

Pero Abdou Diatta recuerda que se interrogó por la capacidad de Sadio Mané, quien muy seguido se quedaba al margen de sus compañeros de equipo.

Entonces, "un día me le acerqué y le dije: 'Sadio, eres un futbolista. Cuando vienes, metete en el grupo, con el grupo, juntos, todo el equipo'", subrayó.

"Le dije: 'si sigues siendo tímido, vas a correr el riesgo de volver a Casamanza, porque el fútbol no es así. Tienes que meterte en el grupo'", añadió Diatta.

Los consejos dieron sus frutos, porque "después de una semana, charlaba con los otros jugadores", recuerda con una sonrisa.

Ubicado por Jules Boucher sobre una banda de ataque --igual que hoy en el Liverpool-- hizo maravillas y ayudó mucho al club a subir a segunda división senegalesa en la temporada 2010-2011.

Sadio Mané enseguida fue detectado por los ojeadores extranjeros y se marchó al Metz francés, club ligado al Generación Fútbol a través de un acuerdo de cooperación.

Pero su evolución pegó un frenazo. Tuvo pocos partidos en cancha, hasta que una transferencia al Salzburgo austríaco en 2012 lo ayudó a relanzar su carrera, participando y destacándose en los Juegos Olímpicos de Londres ese año.

Sus dificultades de adaptación en Europa se explican por un problema físico que tuvo al final del campeonato de Senegal, cuenta el presidente de Génération Foot, Mady Touré. "Cuando llegó a Metz, escondió su lesión porque quería realmente tener éxito", dijo aludiendo a una pubalgia.

Para sus exformadores, pese a su recorrido, Sadio Mané no se olvida de dónde viene.

"Es un chico que sabe reconocer a la gente. Me llama y me pregunta por mi familia", comenta feliz Jules Boucher.

Tampoco olvida a su pueblito: para la final de la Champions League, el 26 de mayo pasado contra el Real Madrid, el atacante del Liverpool regaló 300 camisetas de los "Reds" a su pueblo natal de Bambali, donde los suyos pudieron al menos verlo gritar un gol, pese a la derrota 3-1 en Kiev.

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