Maradona, entre el amor y el desamor de los argentinos

Diego Maradona, leyenda indiscutible del fútbol, es un ídolo controvertido, adorado como un dios por su comunión con la pelota pero cuya vida desbordada de excesos atormenta a los argentinos.

Irreverente, carismático y provocador, Maradona es idolatrado incluso por generaciones que no vivieron su época de esplendor, cuando convirtió su nombre en sinónimo del fútbol argentino.

"Lo queremos porque se ha plantado ante los poderosos, porque en la cancha no se rendía nunca y se le notaba cuánto le dolían las derrotas, esa entrega para un futbolero es vital: se llama transpirar la camiseta", dice a la AFP Bruno Sollner, empresario de 55 años.

El romance se convirtió en leyenda por haber llevado a Argentina a la cima en la Copa del Mundo de México-1986 y su apellido sinónimo de excelencia cuando anotó un gol que entró en la historia de los mundiales.

En aquel memorable partido de cuartos de final, Maradona fue el tramposo de "la mano de Dios", como él mismo definió su tanto con la mano, pero también el autor del legendario "gol del siglo" cuando atravesó la cancha y dejó en el camino a cinco ingleses.

Fue entonces el vengador de los argentinos al dejar afuera a Inglaterra, que cuatro años antes había derrotado a Argentina en otra guerra, una de verdad, la de las Islas Malvinas.

- "Miramos para otro lado" -

Pero su vida turbulenta y una personalidad de extremos también despierta rechazos.

"Es un apasionado, pero derrapa por la soberbia", opina Sollner. Sin embargo piensa que el amor que le prodigan los argentinos es tan grande "que cuando se porta mal miramos para otro lado".

Su imagen haciendo gestos soeces, vociferando insultos o bailando, restaron protagonismo al fútbol en el Mundial de Rusia durante el partido entre Argentina y Nigeria.

"Necesita seguir dando la nota como en otros tiempos, pero con el peor ejemplo", dijo Laura Orsi, de 56 años.

Esta analista de sistemas admite que fue "un ícono de otro tiempo, pero borró toda la gloria con su comportamiento: la droga, el alcohol y la fama se le subieron a la cabeza", afirma.

El rumor, luego desmentido, sobre su supuesta hospitalización casi opacó la clasificación albiceleste a octavos de final el martes en Rusia.

"En Rusia hizo revuelo, es un tipo que se retiró hace décadas y que ganó cosas hace treinta años, pero estornuda y estamos todos pendientes, eso es único, eso es Maradona", remarca Sollner.

- Diego, "a la enésima potencia" -

Quienes lo conocen lo describen como un ser explosivo, pero que pese a haber alcanzado el Olimpo nunca dejó de tener los pies en la Tierra.

"Diego era un pibe que en la villa (miseria) armó un barrilete (cometa), le puso Maradona, empezó a correr por las huellas de tierra, el barrilete se le fue para arriba, pero el 'Pelusa' quedó abajo", lo describe a la AFP Guillermo Blanco, periodista y autor de una biografía del jugador.

Blanco considera que Diego "tiene lo que todos: bondad, maldad, ego, solidaridad... sólo que a diferencia de los considerados 'equilibrados', cuando saca algo lo hace a la enésima potencia". Como en el fútbol.

- Ninguno igual -

En la inevitable comparación entre Maradona y Messi, Diego está, por ahora, en un renglón aparte para la mayoría de los argentinos.

"Messi es un crack, pero el mundo del fútbol, hasta ahora, no dio un jugador como Maradona", dijo recientemente Claudio Caniggia, su compañero en la selección argentina.

El excampeón del mundo Julio Olarticoechea, con quien compartió la Albiceleste en España-1982, México-1986 e Italia-1990, lo recuerda.

"Era admirable verlo, no sólo en los partidos, uno veía las cosas que hacía en los entrenamientos.... Diego era mágico. Esa es la palabra", recordó Olarticoechea a la AFP.

Paula García Paz, una maestra de 37 años, tenía seis cuando Maradona alzó la Copa del Mundo en México-1986 pero aún recuerda.

"No me olvido más, aquel gol a los ingleses es para los argentinos algo memorable, no existe otro jugador como Diego, la felicidad que dio no la logra Messi todavía", asegura.

Como otros, García Paz le objeta lo que califica como "pifias" (errores) de su vida que lo puso varias veces al borde de la muerte por sus adicciones.

"Se ha creído dios y se equivocó mucho, pero sé que el día en que él deje de estar en este mundo, Argentina se paraliza", dice.

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