Testimonios de la gloria futbolística uruguaya despiertan interés de coleccionistas

La inscripción es inequívoca: "VIIIeme Olympiade de Paris 1924". La medalla dorada perteneció a uno de los campeones de fútbol de aquellos Juegos Olímpicos, aunque su identidad será para siempre un misterio luego de que un comprador anónimo se hiciera de la presea en una subasta este martes en Montevideo.

Con 80 gramos de peso y 55 mm de diámetro, la medalla que ganó uno de los campeones olímpicos uruguayos de 1924 se subastó en 10.500 dólares a un comprador que no reveló su identidad, en una tarde de parabienes para los coleccionistas.

Un plano con anotaciones a mano de Juan Antonio Scasso, arquitecto del mítico Estadio Centenario de Montevideo -donde se jugó el primer Mundial en 1930-, la medalla, y un afiche oficial de aquella justa deportiva que tuvo por primera vez a un campeón del mundo fuera de los Juegos Olímpicos, fueron las estrellas del remate organizado por la casa Zorrilla, en el centro de Montevideo.

La colección es "muy importante. Parte de la Historia. Son piezas que aparecen poco, prácticamente nunca", explicó el martillero Sebastián Zorrilla a la AFP, antes de comenzar la subasta en una sala atiborrada de público.

Uruguay, un país con tradición de anticuarios, atesora muchas colecciones alusivas a las victorias deportivas de su selección mayor, campeona olímpica en 1924 y 1928 y del mundo en 1930 y 1950. "Es una plaza que el mundo entero mira al momento de definir dónde encontrar una pieza importante", explica Zorrilla.

"Para los uruguayos es muy importante porque tenemos cuatro 'campeonatos del mundo'", señala el rematador mientras sostiene la medalla, y explica que estuvo por los últimos 60 años en una colección privada, sin que nadie le pusiera un dedo encima.

La preparación de la subasta del martes, con la investigación, clasificación y tasación de cada pieza, tomó unos seis meses, sostuvo.

- Un competidor impensado -

La subasta comenzó con objetos coleccionables de diversa índole, hasta que el segmento deportivo inició con dos medallas del Mundial de 1930.

Uruguay, junto a Argentina, Paraguay y Chile, pretenden coorganizar la Copa del Mundo de 2030, para celebrar los 100 años del campeonato que inauguró la era moderna del fútbol en Montevideo. Bolivia también pretende una subsede.

El hecho no escapa al martillero Zorrilla quien, bromeando, anuncia a los presentes que en unos años, todos los objetos del Mundial de 1930 habrán aumentado su valor.

La medalla "lamentablemente no sabemos a qué jugador fue entregada".

La puja es lenta. Desde los 5.000 dólares se extiende por unos 10 minutos hasta los 10.500 dólares.

El martillo baja y los coleccionistas aplauden al comprador, que remató mediante un intermediario.

Tuvo suerte. El Estado no se quedó con la pieza, como sí lo hizo con otros objetos que son parte del patrimonio deportivo del país, tal fue el caso del plano del Estadio Centenario que delinea su ubicación actual y el parque circundante, subastado en 2.750 dólares.

Como en muchos países, por ley el Estado a través de su sección de Patrimonio puede asumir la última oferta y apropiarse de un objeto en subasta pagando el precio final. Algunos banderines, medallas y publicaciones antiguas pasaron al acervo del Museo del Fútbol del Estadio Centenario de Montevideo.

Un talón de entrada a la Copa de 1930 se fue a manos de un coleccionista por 1.100 dólares; el afiche original tasado en unos 10.000 dólares quedó sin vender, así como un fixture de ese primer Mundial.

Entre los objetos más curiosos, figuró una portada de un suplemento del extinto diario El Día, con el título "Uruguay, otra vez campeón del Mundo", con fecha de 1928, publicado la misma tarde del triunfo olímpico.

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