La seguridad, principal preocupación en Egipto antes de la Copa de África

Casi nueve años después de la revuelta popular de 2011 y los problemas y altercados que la sucedieron, la seguridad sigue siendo una preocupación considerable para Egipto, que alberga la Copa de África de Naciones desde el viernes hasta el 19 de julio.

La muerte el lunes del antiguo presidente - procedente de los Hermanos Musulmanes - Mohamed Morsi, enterrado el martes con total discreción y bajo la protección de un amplio dispositivo policial, no provocó altercados. En un país en que está prohibido manifestarse, la situación parece estar calmada en El Cairo.

Pero para la Copa de África de Naciones, Egipto tomó precauciones. A comienzos de junio, antes de la festividad del Aid el-Fitr, el ministro de Interior anunció "un vasto plan de seguridad y de pasos dirigidos a mantener el orden público".

Las medidas incluyen un "despliegue de más fuerzas y de puntos de control en los lugares clave", añadió el ministro sin ofrecer más precisiones.

Aunque el país de las pirámides ya organizó la CAN en su suelo en cuatro ocasiones, la última de ellas en 2006, es la primera vez que lo hace después de la revuelta que puso fin al régimen del presidente Hosni Moubarak y abrió un periodo de inestabilidad.

Tras la destitución de Mohamed Morsi a manos del ejército en 2013, las fuerzas de seguridad del país son objeto de numerosos ataques yihadistas. Varios centenares de policías y soldados han perdido la vida.

En 2014, Ansar Beit al-Maqdis, el principal movimiento yihadista de esta península del Este de Egipto, mostró su lealtad al Estado Islámico (EI) bajo el nombre de 'Provincia del Sinaí'. El grupo permanece activo varios meses después de la caída del califato del EI en Irak y en Siria.

El mes pasado, sólo unas semanas antes de la CAN, un autobús de turistas sudafricanos sufrió un atentado con bomba cerca de las pirámides de Guizeh, uno de los ejes del turismo egipcio.

- El fútbol, marco para la violencia -

En diciembre, tres turistas vietnamitas y su guía egipcio fueron asesinados en un atentado similar, también cerca de las pirámides.

Además de a las fuerzas del orden y a los turistas, los yihadistas apuntan asimismo a los coptos ortodoxos, una importante minoría cristiana egipcia.

Más de un centenar de personas murieron desde finales de 2016 en ataques contra la comunidad cristiana, la mayoría en atentados reivindicados por el EI.

Regido con mano de hierro por el antiguo jefe del ejército Abdel Fattah al-Sissi, Egipto lleva a cabo una "guerra contra el terrorismo", especialmente al norte del Sinaí, donde continúa activa la rama local del EI.

A la vez, el aparato de seguridad ejerce una feroz represión contra toda oposición islamista, y también laica y liberal.

Pero según una nota reciente del despacho de análisis estadounidense Soufan Group, "aunque los esfuerzos militares tuvieron éxito con la eliminación y captura de insurgentes, también se revelaron contraproducentes con la violencia gratuita contra la población".

"La consecuencia es que más gente buscó unirse a la insurrección", indica la nota.

Pero además del terrorismo, los estadios egipcios se han visto a menudo sacudidos los últimos años por escenas violentas.

En febrero de 2012, al menos 74 personas, la mayoría aficionados del Al-Ahly, fallecieron durante los incidentes en Port-Said (norte) después de un partido entre el club de la capital y el Al-Masry.

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