'Naming rights', una alternativa económica que divide al fútbol de Brasil

Para algunos hinchas y periodistas es un atentado a la tradición, pero para clubes y municipalidades puede ser un salvavidas económico. Siguiendo la tendencia global, los estadios de Brasil ceden sus nombres a grandes patrocinadores pese al polvo que levanta cada negocio.

Corinthians de Sao Paulo fue el último en unirse a la movida de los derechos de denominación ('naming rights') que se ha fortalecido en grandes urbes: en Madrid con el Wanda Metropolitano del Atlético, en Londres con el Emirates Stadium del Arsenal o en Múnich con el Allianz Arena del Bayern.

La lista es abultada y no solo en el Viejo Continente ni en el balompié. Recintos de béisbol, baloncesto o fútbol americano han puesto precio a sus nombres en naciones de América y Oceanía.

Algunos equipos arriendan el título de su templo a cambio de dinero para remodelarlo, construirlo o financiarse. En otros casos, las municipalidades, dueñas de las estructuras, persiguen los mismos propósitos o buscan ampliar sus usos y, con ello, sus ingresos.

En Brasil, sectores de la prensa y las 'torcidas' se oponen a esta línea de negocios que aterrizó en 2005 con la tecnológica japonesa Kyocera en el domicilio del Athletico Paranaense, en Curitiba (sur).

Llamar a un estadio con el nombre de una marca "no es algo que forme parte de la cultura del hincha brasileño ni de la prensa brasileña", explica a la AFP Gustavo Hofman, comentarista de ESPN.

"Pero en la economía del fútbol mundial hoy, con los gastos en constante aumento, se necesita también, naturalmente, incrementar la recaudación y los 'naming rights' son una forma bastante eficiente de traer dinero fresco", agrega.

- "¡Jódanse!" -

La del Timao será la quinta casa de un equipo cuyo nombre pase a ser comercial desde que la movida se estrenó en la patria de Pelé. Varios de esos estadios fueron sede del Mundial-2014.

Arena Corinthians, que inauguró la Copa Mundo, se llama Neo Quimica Arena desde principios de septiembre tras un acuerdo con esa farmacéutica, pieza de la gigante brasileña Hypera Pharma.

El dinero se utilizará para pagar parte de la asfixiante deuda que dejó la construcción del estadio.

"El valor es de 300 millones de reales (unos USD 54,4 millones)", escalonados durante 20 años, explicó el presidente corinthiano, Andrés Sanchez.

La polémica estaba servida, dado que algunos medios se niegan a usar la nueva denominación -por disputas con los derechos de transmisión o por apego al viejo mote-, en tanto que sectores minoritarios de los fanáticos rechazan lo que consideran la comercialización del fútbol.

"Puede llegar el dueño de los Emiratos y comprar el estadio para jugar a la pelota con sus nietos, pero va a ser siempre Arena Corinthians, ¡jódanse!", tuiteó un 'torcedor'.

Sanchez pidió profesionalismo a los periodistas y entendimiento a los aficionados: "Es dinero fresco para el fútbol y todo el mundo tiene que entenderlo y decir el nombre", imploró.

- Grandes empresas -

El periodista especializado en negocios deportivos Rodrigo Capelo, de Globo Esporte, explica que esta modalidad puede ser "el comienzo de la salida" a dificultades económicas de algunas escuadras brasileñas, profundizadas por la pandemia de coronavirus.

"En términos generales, creo que la reacción de los hinchas ha sido positiva, pero siempre dentro de las hinchadas y la prensa hay un sector contrario a la mercantilización del fútbol que se apega mucho a la tradición", asevera.

A la mudanza de nombre de la casa del Timao la antecedieron la Arena Kyocero, que volvió a conocerse como Arena da Baixada en 2008 tras la no renovación del contrato.

En 2013 la cervecería Petrópolis puso el nombre de una de sus bebidas a dos templos nordestinos: Itaipava Arena Fonte Nova, propiedad del estado de Bahía pero manejado por un consorcio, y el Itaipava Arena Pernambuco, construido por Odebrecht en Recife.

Después siguió el reemplazo del Palestre Itália, refugio durante un siglo del Palmeiras de Sao Paulo. Tras la demolición, en 2014 se inauguró el Allianz Parque, el séptimo estadio de la multinacional de seguros alemana.

Además de los pagos por entre uno y cuatro millones de dólares anuales por al menos una década, los modernos complejos con denominación comercial se arriendan para conciertos o espectáculos.

Atlético Mineiro se sumará a la lista en 2022, cuando inaugure el Arena MRV en Belo Horizonte. La constructora brasileña le dará seis millones de reales anuales (poco más de un millón de dólares) durante doce años para visibilizar sus siglas. ¿Volverán las críticas?

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