Alemania-Turquía: mucho más que un amistoso de fútbol

El Alemania-Turquía programado el miércoles en Colonia (18h45 GMT) se disputará muy probablemente a puerta cerrada, para gran pesar de la numerosa comunidad turca inmigrante cuyas dificultades de integración se han puesto de relieve estos últimos años a través del fútbol.

"El caso Özil-Gündogan", en 2018, enturbió el ambiente alrededor de la selección alemana antes, durante y después del Mundial en Rusia. También polarizó a la sociedad germana, provocando excesos xenófobos en algunos periódicos y en las redes sociales.

Mesut Özil e Ilkay Gündogan, dos internacionales alemanes procedentes de familias turcas, se reunieron en Londres antes del campeonato mundial con el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y le ofrecieron unas camisetas dedicadas de sus respectivos clubes, el Arsenal y el Manchester City.

Gündogan escribió en la camiseta: "A mi presidente".

Una parte de la opinión alemana reprochó violentamente a los dos jugadores no solo renegar de su país, sino también, y sobre todo, mostrar su apoyo a un jefe de Estado criticado por sus ataques a la democracia, valores incompatibles con los de la Alemania moderna.

- Özil, indignado -

"Este caso generó mucho enfado en Alemania", indica a la AFP John McManus, autor de un libro sobre el fútbol turco, "lo que a cambio ha indignado a los nacionalistas y al Gobierno turcos, que han visto en este escándalo la prueba de lo que aseguran desde hace tiempo: Europa es hipócrita y racista, y nunca trata a Turquía equitativamente".

Sin embargo, señala el académico, los turcos siempre han sentido como un orgullo la presencia de jugadores de origen turco en la selección alemana. Al menos hasta el "caso Özil", que efectivamente generó resentimiento.

El final del caso aumentó el malestar. Özil, indignado, cerró la puerta de la selección tras el Mundial de un portazo, acusando públicamente de racismo a los dirigentes de la Federación.

Gündogan se mostró más diplomático, poniendo de relieve su doble lealtad, a su país y a la patria de origen de sus padres. Todavía pilar de la selección, no jugará el miércoles, afectado por el coronavirus.

El domingo, en una entrevista con el diario Welt-am-Sonntag, el responsable político de los Verdes germanos, Cem Özdemir, de origen turco, lamentó las consecuencias de esta polémica: "Lo más nefasto en este caso es que, desafortunadamente, da argumentos a los que quieren dar la sensación de que la gente nacida de la inmigración vive aquí en Alemania en territorio hostil", denunció.

- "Raza y sangre" -

La ausencia de público, el miércoles, le quita al partido evidentemente gran parte de su carácter pasional. "Pero estos partidos internacionales Alemania-Turquía son siempre un termómetro de las relaciones entre ambos países", señaló el diputado de los Verdes, aficionado al fútbol.

Para el investigador McManus, "los nacionalistas puros y duros de ambos bandos, los poseedores de la 'raza' y la 'sangre', a menudo buscan utilizar estos partidos como palanca para marcar las diferencias".

"Pero", matiza, "los partidos Turquía-Alemania son también a menudo la oportunidad de poner en valor las relaciones entre ambas culturas, más allá de las retóricas ruidosas de ciertos políticos".

En Colonia, el seleccionador alemán, Joachim Löw, debería alinear un equipo sin sus principales estrellas. Derrotar a Turquía es mucho menos importante para él que mantener a sus fuerzas con vida para los dos enfrentamientos de la Liga de Naciones en Ucrania (sábado) y contra Suiza (martes 13 de octubre).

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