El fútbol inglés paga el precio de la inversión extranjera con la escisión del 'Big Six'

El fútbol inglés se tambaleaba el lunes después de que seis de sus grandes clubes (el apodado 'Big Six') anunciasen su intención de unir fuerzas con los principales equipos españoles e italianos para formar una Superliga europea (ESL) privada.

El plan anunciado por Manchester United, Liverpool, Manchester City, Chelsea, Arsenal y Tottenham provocó una condena generalizada del gobierno británico, los órganos reguladores, aficionados y exjugadores.

El primer ministro Boris Johnson respaldó la decisión de la Premier League y la Federación de Fútbol de Inglaterra de no reconocer la escisión, calificándola de "muy perjudicial para el fútbol".

Los 12 clubes en cuestión -seis ingleses, tres españoles y tres italianos- planean seguir jugando en sus ligas nacionales y que la nueva Superliga europea sustituya su participación en la Liga de Campeones de la UEFA.

Sin embargo, el fútbol inglés puede tener que pagar ahora el coste de décadas aceptando potentes inversiones extranjeras. De los seis clubes disidentes que juegan actualmente en la Premier League, sólo el Tottenham, cuyo multimillonario patrón Joe Lewis reside en las Bahamas, es de propiedad británica.

La propuesta de la Superliga consiste en organizar una competición de 20 equipos, en que los 15 miembros fundadores tendrían su participación siempre garantizada, lo que les asegura los copiosos ingresos de derechos televisivos y patrocinio comercial.

Un fondo de 3.500 millones de euros (4.200 millones de dólares), respaldado por el banco de inversiones estadounidense JPMorgan, debe servir a apoyar la inversión en infraestructuras de los clubes fundadores para compensar el impacto de la pandemia.

Los 20 equipos se dividirían en dos grupos de 10, que se enfrentarían en casa y fuera.

Tras una temporada regular de 18 jornadas, los mejores de cada grupo pasarían a los cuartos de final para concluir la competición, al igual que ocurre ahora en la Liga de Campeones.

Pero el plan se asemeja principalmente a la estructura de las grandes ligas deportivas estadounidenses.

Tres de los seis clubes ingleses están en manos de estadounidenses, que también tienen participaciones en franquicias deportivas de Estados Unidos.

- Impostores -

El Manchester United está controlado por la familia Glazer, propietaria también de los Tampa Bay Buchaneers, campeones de la Superbowl, desde una controvertida adquisición en 2005.

El grupo deportivo Fenway, de John Henry, es dueño del Liverpool y de los Red Sox de Boston, y el multimillonario propietario del Arsenal, Stan Kroenke, controla los Rams de Los Ángeles y los Nuggets de Denver.

Los tres clubes se vieron perjudicados por que la Premier League inglesa optase sólo a cuatro plazas en la Liga de Campeones.

El Manchester United quedó fuera de los cuatro primeros puestos en cuatro de las últimas siete temporadas. El Arsenal, que es noveno en la Premier League, no se ha clasificado para la Liga de Campeones desde 2016 y el Liverpool se enfrenta a una batalla para hacerlo esta temporada.

"Se están yendo a una liga sin competencia de la que no pueden descender", criticó el excapitán del Manchester United Gary Neville.

"Es pura codicia. Ellos (los propietarios del club) son unos impostores. No tienen nada que ver con el fútbol de este país", agregó.

Sin embargo, la decisión tiene tanto que ver con la inversión como con la competencia.

Las potencias tradicionales de Europa, como el United, el Liverpool, el Barcelona y el Real Madrid, vieron socavada su posición dominante por la inversión de Abu Dhabi en el Manchester City y de Catar en el París Saint-Germain.

Incluso el Chelsea, gracias a la riqueza de su propietario ruso Roman Abramovich, ha dejado atrás a algunos de sus competidores en la carrera por los fichajes.

El City, el PSG y el Chelsea llegaron a semifinales de la Liga de Campeones de esta temporada.

"Creo que hay dos cosas en juego: una es la codicia y la otra es la desesperación", consideró el expresidente de la Asociación de Fútbol y del Manchester City David Bernstein.

En su presentación, los clubes de la ESL aseguraron que "la competición se construirá sobre una base financiera sostenible y todos los clubes fundadores se someterán a un marco de gastos".

Esto permitiría a los propietarios obtener mayores ingresos sin la presión de dedicarlos a mayores salarios y fichajes de jugadores.

Pero los clubes necesitan que los aficionados sigan pagando por las entradas, las camisetas y los abonos de televisión.

Y los aficionados del Liverpool, el United, el Tottenham, el Arsenal y el Chelsea ya expresaron su oposición a estos planes.

"Nuestro club de fútbol es nuestro, no de ellos", fustigó el grupo de aficionados del Liverpool Spirit of Shankly.