En Gabón, los futbolistas profesionales luchan por sobrevivir

Ha cambiado el balón por un pincel. Su carrera de futbolista se ha acabado. Gamamba Souleimane, que termina de pintar un muro de una pequeña vivienda de un barrio popular de Libreville, la capital de Gabón, ha tenido que cambiar de oficio ante los problemas que vive el fútbol profesional en ese país africano.

"Claro que me da pena, que me hubiese gustado continuar... pero me he dado cuenta que el fútbol no puede aportarme nada en Gabón", dice Gamamba con lágrimas en los ojos por la tristeza y los lamentos.

Impago de salarios, contratos no respetados, campeonatos suspendidos... En este pequeño Estado del África Central rico en petróleo, el fútbol es tema frecuente de conversación, con un equipo nacional liderado por la estrella del Arsenal Pierre-Emerick Aubameyang y clasificado para la próxima Copa de África de Naciones (en enero y febrero de 2022), pero los jugadores profesionales que viven en el país apenas llegan a final de mes.

"El Covid nos ha enterrado", lamenta Gamamba, de 28 años, vistiendo una camiseta del Real Madrid, el equipo de sus sueños.

Con la cara salpicada con gotas de pintura blanca, pasa el rodillo sobre una pared. "Desde que estoy en la construcción, gano ocho veces más que en los terrenos de juego", revela.

"Denuncié a mi antiguo club por abuso de confianza porque me habían prometido un trabajo si jugaba para ellos. Nunca me lo dieron. Y solo me pagaron en cinco ocasiones en dos años. 150.000 francos CFA cada vez", es decir, unos 230 euros (unos 275 dólares).

- Precariedad extrema -

"Yo he tenido la suerte de tener otra cosa aparte del fútbol, pero cuando pienso en mis compañeros... ¡les tratan como trapos! Chicos a los que faltan al respeto, que no tienen ni para comer, para vestirse, obligados a correr detrás de 1.500 FCFA (2 euros, 2,4 dólares) para poder volver a casa en taxi", denuncia Gamamba.

"Antes del Covid, la mayoría de futbolistas ya vivían en una precariedad extrema. Pero ahora es el caos", admite Rémi Ebanega, presidente de la Asociación de Futbolistas Profesionales de Gabón (ANFPG).

Según un sondeo realizado por el sindicato en 2018, la media de los profesionales apenas recibían dos meses de salario, unos 100.000 FCFA (150 euros, 180 dólares).

Desde hace años, el campeonato profesional gabonés se interrumpe con frecuencia por falta de financiación. Durante la temporada 2018-2019, los organizadores recurrieron a una solución de urgencia: una primera fase de grupos y después unos 'play-off' durante apenas dos o tres meses.

Pero la llegada del coronavirus en marzo de 2020 y la suspensión de todas las competiciones deportivas supuso el golpe de gracia. Desde entonces los futbolistas no reciben ningún pago.

La ANFPG reclama al gobierno y a la federación que se reanude la competición o al menos que se ayude económicamente a los 700 futbolistas profesionales que viven en el país.

"Nuestro deseo es volver a la actividad respetando el protocolo sanitario, pero no en las condiciones financieras de los años anteriores", explica a la AFP el presidente de la Federación Gabonesa de Fútbol (FEGAFOOT), Pierre Alain Mounguengui.

Los clubes no respetan los contratos firmados, según Mounguengui, por dos razones: "La primera hay que buscarla en la estructuración misma de los clubes. Muchos carecen de patrocinadores por la estrechez del mercado, una competición poco atractiva y la falta de apoyo de los aficionados".

La segunda "es el retraso de las subvenciones estatales, que suponen desgraciadamente una gran parte del presupuesto de la mayoría de los clubes", añade.

Ante la falta de perspectivas, la asociación ayuda a los futbolistas a reconvertirse. "Pero la mayoría de ellos no tiene ninguna formación, abandonaron la escuela después de la primaria", lamenta Ebanega.

- Tienda solidaria -

Ayudada por FIFPro, el sindicato internacional, la ANFPG ha abierto una tienda solidaria y ofrece a ocho jugadores cada mes productos alimentarios, como arroz, conservas y aceite, por un valor de unos 30.000 FCFA (45 euros, 54 dólares).

Este miércoles, Chicco Sassou, de 32 años, ha venido a buscar una de esas cestas de alimentos. "Me va a permitir aguantar dos o tres semanas más", suspira. "Trato de acercarme a los más veteranos para saber si conocen a alguien que me pueda proporcionar pequeños trabajos que me permitan ganar algo de dinero", dice con timidez.

Pese a la precaria situación, Chicco sigue creyendo en sus sueños. Durante la semana se entrena físicamente. Y cada fin de semana, juega en el equipo de su barrio partidos 'amateurs'. "No es el mismo nivel, pero hay que mantenerse en forma".

De vez en cuando, recibe un sobre de parte de sus "hermanos mayores". No es gran cosa, a veces 20.000 o 30.000 FCFA (30 o 45 euros, 36 o 54 dólares), pero es una ayuda preciosa para poder dar de comer a su hijo pequeño y a su novia.

"Para vivir del fútbol, la única solución es marcharse de aquí", dice convencido.